La Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo celebra la participación de Carolina Ganem, investigadora del CONICET Mendoza y docente de la institución, en un proyecto de investigación internacional orientado a estudiar el rol de la arquitectura y el diseño frente a los desafíos climáticos contemporáneos.
La propuesta, titulada “Arquitecturas que enfrían”, busca comprender cómo el diseño arquitectónico puede funcionar como un regulador microclimático dentro de las ciudades áridas. Para Ganem, este reconocimiento representa una oportunidad clave para posicionar al diseño en la resolución de problemas complejos, especialmente aquellos vinculados al ambiente y al confort urbano.
“El objetivo es mostrar cómo la arquitectura puede actuar como un regulador microclimático”, explica la investigadora.
En ese sentido, el proyecto propone repensar el rol del diseño en el contexto de las ciudades contemporáneas, donde el aumento de temperaturas y las nuevas formas de urbanización plantean desafíos inéditos.
La investigación parte de entender a Mendoza como una ciudad oasis, construida históricamente a partir de un sistema de redes que interactúan entre sí: la red hídrica de acequias —herencia huarpe—, el bosque urbano que regula radiación y evapotranspiración, y una arquitectura que, a través de su geometría y materialidad, se relaciona con el entorno para generar confort térmico.
Desde la investigación científica es posible medir cómo ese sistema está cambiando frente al aumento de las temperaturas y las transformaciones del tejido urbano. A partir de esos datos, el diseño y la arquitectura permiten traducir la información en decisiones proyectuales concretas, como el control solar, el uso de masa térmica, la selección de materiales, la integración de tecnologías solares y el desarrollo de estrategias pasivas que reduzcan la demanda energética.
Para la investigadora, desarrollar este tipo de estudios en Mendoza tiene un valor particular. “La provincia funciona como un verdadero laboratorio vivo de adaptación climática”, señala. Durante décadas, la ciudad fue reconocida como un modelo de confort en un entorno árido; sin embargo, el incremento de las olas de calor, los cambios en la morfología urbana y la aparición de arquitecturas menos adaptadas al clima están poniendo en tensión ese equilibrio histórico.
Investigar desde este territorio permite actualizar el concepto de ciudad oasis para el siglo XXI y generar conocimiento que pueda transferirse tanto a ordenanzas de construcción y planificación urbana como a otras regiones áridas del mundo que enfrentan desafíos similares.
La cooperación internacional también representa un impulso importante para el desarrollo académico de la Facultad. Según Ganem, estas iniciativas fortalecen el perfil de la FAD como un espacio donde se investiga con rigor científico y compromiso ambiental, además de integrarla a redes internacionales que trabajan en temas de adaptación climática, energía y sustentabilidad.
En este marco, destaca especialmente la co-dirección de la Dra. Helena Coch Roura, responsable del grupo de Arquitectura, Energía y Medio Ambiente de la ETSAB-UPC (Barcelona), cuya participación resulta clave para el crecimiento institucional y el intercambio académico entre equipos de investigación.
El proyecto se vincula directamente con el campo de la arquitectura sustentable y el equipamiento solar, entendiendo que el desafío actual no consiste únicamente en mejorar la eficiencia energética de los edificios, sino en desarrollar arquitecturas capaces de interactuar inteligentemente con el clima.
La investigación busca recuperar una tradición propia de la arquitectura mendocina: la de “arquitecturas que enfrían”, integrando diseño bioclimático, control radiativo y tecnologías solares tanto pasivas como activas. El objetivo es evitar que el confort urbano dependa exclusivamente del aire acondicionado, cuyo uso intensivo incrementa las emisiones y contribuye al calentamiento regional.
En definitiva, la propuesta invita a volver a pensar la arquitectura como parte activa del sistema climático urbano, reafirmando el papel del diseño, la ciencia y la universidad pública en la construcción de ciudades más sostenibles.